Muchos de mis compañeros de carrera se habrían reído si les hubiese dicho que al final sería yo el que estaría subido a una tarima hablando sobre sistemas operativos, programación concurrente y haciendo los mismos chistes malos que les suelo contar a ellos…
Pero «nunca digas nunca«, y haber dado clase en la Universidad (como profesor sustituto) me ha hecho ver la otra cara de la moneda del mundo académico, una que nunca pensé que llegaría a apreciar.
Aun sufriendo el síndrome del impostor, creo haberlo dado todo en las clases. Espero que ninguno de mis alumnos opine lo contrario (ellos mismos sabrán lo nervioso que estuve los primeros días), pero según fueron avanzando las clases, creo que el ritmo fue mejorando, los alumnos fueron aprendiendo, y yo le fui pillando el truco a esto de ser profesor.
Es mi primera toma de contacto como docente, pero me llevo la experiencia de este curso para el siguiente y los que estén por venir.
Aprovecho también para dar las gracias a todos los que han estado ahí para apoyarme durante el curso, tanto antiguos profesores convertidos en compañeros como amigos y familiares, sin vosotros habría sido imposible afrontar esta etapa.
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